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6 diciembre 2018.

En el marco de la campaña #16días de activismo contra la violencia de género, investigadoras de CEJA comparten sus reflexiones.




“Recién hace 3 años me di cuenta que no era normal haber tenido 16 años y bajarme de la micro, ver a un hombre cerca y tener miedo de que pudiese abusar de mí. Siempre viví atenta a eso, al igual que todas las mujeres. Algunas de mis amigas ya habían experimentado horribles experiencias. Me tocó experimentar alguna pequeña (por suerte) más de grande. En su vida, la mayoría de las mujeres lo experimentarán.

Decidí luchar por cambiar esa realidad el día que lloré de rabia e impotencia al haber conocido la violación masiva de Brasil y la muerte por empalamiento de Lucía Pérez en Argentina. ¿Por qué a las mujeres nos violan y nos matan? La rabia me ha dado la convicción de cambiarme por dentro y tratar de cambiar, aunque sea con pequeños actos, los lugares que habito y las personas con las que me relaciono. No más violencia contra nosotras.

Tener miedo al caminar #TambiénEsViolencia. No sentirse libre de disfrutar la vida sexual #TambiénEsViolencia. Enviar fotos sexuales de mujeres al grupo de tus amigos en whatsapp #TambiénEsViolencia. EL DOBLE DISCURSO #TambiénEsViolencia.”



Lorena Espinosa
Investigadora de CEJA






“La violencia psicológica es una de las formas más invisibles de opresión y deslegitimación de las mujeres en la sociedad. Crecer creyendo que solo algunas carreras son para mujeres; enseñarle a las niñas que deben “competir” por la atención de un “buen hombre”; hacer a las jóvenes sentir vergüenza de su cuerpo y al mismo tiempo que se sientan objeto del deseo masculino; hacer que la mujer se sienta incapaz por sentirse cansada después de la triple jornada de trabajo; ver sus ideas laborales no reconocidas o apropiadas por sus jefes; considerar el sentimentalismo, la amabilidad, la ternura características obligatorias para las mujeres; y criticarlas si son firmes, decididas o enfáticas, porque esos son rasgos masculinos; entre muchas otras actitudes, explicitas y veladas, son violencia.

La mujer puede ser lo quiera, sentirse como quiera, actuar como entienda que le corresponda en su rol de mujer, sea en lo personal, sea en el ámbito social.

Hacernos creer que no somos capaces de bancar cualquier tipo de trabajo #TambiénEsViolencia; Hacernos callar #TambiénEsViolencia. Hacernos sentir inferior #TambiénEsViolencia. Decidir por nosotras los trazos de personalidad que podemos tener #TambiénEsViolencia. Imputarnos la responsabilidad por tener una “buena familia” #TambiénEsViolencia. Repetir que por tras de un buen hombre hay siempre una buena mujer #TambiénEsViolencia. Juzgar a la mujer que se siente sobrecargada con todas sus responsabilidades #TambiénEsViolencia. Querer, como esposo, jefe o compañero, apropiarse de los logros de la mujer #TambiénEsViolencia.”

Paula Ballesteros
Investigadora de CEJA






“En el mundo que yo quiero vivir no tendría que preocuparme por salir sola, en viajar sola y buscar saber si tal sitio es muy machista o no, preocuparme por la ropa que voy a usar para que no me miren, preocuparme porque un hombre puede poner algo en mi bebida para hacerme algo malo. Es agotante vivir siempre con miedo, con miedo de que me pase algo a mí o a cualquier otra chica.

Yo quiero vivir en un sitio donde pueda ser respetada, donde los hombres traten a las mujeres con respeto, donde no culpen a las mujeres por el comportamiento equivocado de los hombres. Quiero vivir en un sitio donde no sea juzgada como menos capaz para un trabajo por ser mujer. Quiero vivir en un mundo donde no hay profesión de hombres y otras de mujeres, y sí la profesión que cada uno o una tenga vocación. Quiero vivir en un sitio donde todas tengan las mismas oportunidades. Quiero vivir en un mundo donde enseñan a las chicas que los príncipes no van salvarla, ellas tienen que salvarlas a ellas mismas.”

Jessica Bueno
Investigadora de CEJA




“Crecí con la fortuna que no muchas gozan de tener de cerca el ejemplo de una mujer fuerte, profesional y activa laboralmente, mi mamá. Por la década de los 90s esto era el máximo de emancipación femenina que nos podíamos imaginar, una mujer inserta en el mundo laboral, tener su cuota de independencia financiera, incluso matrimonio con separación de bienes.

Al paso del tiempo, este ideal se empezó a resquebrajar. ¿Somos libres realmente solo por ir a la Universidad, solo por lograr ser profesionales, por tener un trabajo? ¿Es motivo de orgullo la imagen de la mujer maravilla que hace múltiples tareas en el trabajo y en la casa, y que además de todo se ve “bella” y “femenina” mientras lo hace?

Los datos, nos dicen otra cosa. Hoy, solo el 48,5% de las mujeres están insertas en el mercado laboral remunerado chileno (INE 2017), mientras el trabajo en el hogar continúa siendo invisibilizado y despreciado. De las mujeres que trabajan, estas ganan 29,3% en promedio menos que los hombres (ESI 2017), y si bien trabajan 2,09 horas menos remuneradamente al día, ocupan 2,15 veces más de tiempo que el hombre en las tareas del hogar y cuidados, esto es entre 3 y 4 horas (ENUT 2015). Al llegar a los 60 años de edad, la mujer sumando el trabajo remunerado y el no remunerado ha trabajado cerca de 369 hrs más que el hombre a los 65 años[1]. Aun así, algunos dicen que la diferencia en la edad de jubilación es un acto de “galantería”.

Los cuidados y la gestión del hogar son trabajo, consumen tiempo y energía, cansan y tiene sobre todo tienen una alta carga emocional, la cual, a pesar de todas nuestras conquistas aun no logramos equilibrar con los hombres.

Hoy quiero a mi madre tanto o más que antes, pero veo con nuevos ojos realmente cual ha sido su situación, y quiero más. Quiero justicia para las mujeres trabajadoras que se desdoblan para cumplir con toda la carga que la sociedad les impone y justicia también para las mujeres que por distintos motivos se quedan en el hogar sin recibir reconocimiento ni remuneración por la importante labor que hacen. Quiero que todos los espacios, público, privado e íntimo, sean lugares seguros y de crecimiento para las mujeres, libres de violencia y de abusos. Haciendo uso de las palabras de la gran liderasa, Julieta Kirkwood, ‘democracia en el país, en la casa y en la cama’.

Ganar menos por el mismo trabajo #TambiénEsViolencia, No tener jubilación a pesar de haber trabajado toda la vida con jornada ilimitada #TambiénEsViolencia, Que todo el trabajo y gestión del hogar caiga en nosotras #TambiénEsViolencia, Que nos pregunten si pensamos tener hijos/as en una entrevista laboral #TambiénEsViolencia, Que digan que el liderazgo y la racionalidad son cualidades masculinas #TambiénEsViolencia.”

María Jesús Valenzuela Suárez
Metodóloga de CEJA, miembra del Comité de Genero de CEJA


[1] Contabilizando 240 días de trabajo al año y desde los 20 años de edad. Podría ser aun mayor si consideramos que el trabajo no remunerado ocurre también en días no hábiles y comienza a más temprana edad que el remunerado.










 

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